miércoles, 18 de agosto de 2010

¿De qué manera las lecturas me sirven para ampliar, complementar o confrontar mi comprensión sobre la relación educación y TIC?

Pensar la relación educación y TIC implica comprender en primera instancia, el concepto amplio de educación como lo propone Martín Barbero en su conferencia: Ciudad educativa: de una sociedad con sistema educativo a una sociedad del conocimiento y el aprendizaje, donde fundamentalmente presenta la idea de una ciudad educadora; en esa medida, los avances técnicos, tecnológicos, asuntos sociales, económicos, políticos (pasando por los éticos y hasta por los filosóficos) están relacionados con la educación.

En cuanto al texto de Castell, es importante rescatar cómo al tratar de contextualizar la revolución tecnológica, aborda aspectos que, desde mi desconocimiento, no consideraba que tuvieran alguna incidencia en las TIC como lo son las investigaciones sobre segmentos del ADN o de los genes humanos utilizadas –al menos algunos de sus principios– en investigaciones sobre inteligencia artificial.

Una visión simplista del asunto, puede reducir la relación entre educación y TIC al mero instrumentalismo, donde las reflexiones didácticas, pedagógicas y teleológicas de la educación tienen poca o ninguna trascendencia; sin embargo, las TIC tienen mayor impacto del que los mismos docentes y sistema educativo quieren ver. Es común escuchar lo mucho que avanza la tecnología, la intromisión de las TIC en los eventos cotidianos del ser humano, etc., etc.; más allá del acceso tecnológico, se hace necesario pensar las nuevas formas de relaciones interpersonales y laborales que estos adelantos han instaurado, ayudados, claro está, por otros procesos sociales como la movilidad –principalmente por motivos académicos o laborales– y cómo dichos cambios afectan directa o indirectamente la escuela.

Retomando el concepto educación, deseo resaltar una cita que para mí fue reveladora: “Las conversaciones nocturnas en el Walker's Wagon Wheel Bar and Grill de Mountain View hicieron más por la difusión de la innovación tecnológica que la mayoría de los seminarios de Stanford”. Creía erróneamente que estos espacios eran propicios de la literatura o el arte en general, como es el caso de las tertulias en “La Cueva” donde jóvenes escritores como Gabo o Álvaro Cepeda Samudio –sólo por mencionar algunos– le dieron rienda suelta a la imaginación, la crítica y la lectura literaria y se iniciaron en el oficio de escritor, lo mismo ocurrió en España con las Academias literarias del Siglo de Oro; estos espacios fuera de la escuela me hacen pensar sobre los procesos no canalizados a través del sistema educativo y cómo ha cambiado la percepción temporo-espacial de las relaciones interpersonales, en gran medida, gracias a las TIC, más específicamente a la internet.

Todo lo anterior, conduce hacia la necesidad de pensar en una nueva competencia: la tecnológica, donde cobre especial relevancia la actitud reflexiva frente a las TIC en momentos en los que el sistema educativo no se basa en la transmisión de información y en la reproducción de estructuras sociales y de poder como lo afirmaban los sociólogos de la educación de principios del siglo XX, sino en la formación de personas capaces de aprende de los otros, con los otros y algunas veces a pesar de los otros; además de ser personas que sean capaces de “filtrar” la información para diferenciar entre la de alta y baja calidad.

martes, 17 de agosto de 2010

A modo de abrebocas

Un bello poema que quiero compartir.

Aprendiz de cazador

Ella es bruja.
Vuela en el aire de la alcoba
Como si su capa barriera mi memoria.
Yo, aprendiz de cazador,
Para atraparla interrogo al fabulista,
Al peregrino de los bosques.
Ella esquiva mis intentos,
Vuela en círculos de niebla
Sobre mi cabeza atribulada.
A veces creo que llega hasta mi mesa
Como arisco animal que abreva en un estanque,
y cuando intento descifrar su silabario
Se desvanece en el aire de la alcoba.
Ella evita mis eternas acechanzas,
Mis trampas y señuelos.
Así, escurridiza y evasiva es la palabra.

Juan Manuel Roca